¿Emprender por aburrimiento? ¡No te hagas ese daño!

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emprender por aburrimiento

Si algo bueno podemos sacar de este duro período de crisis y recesión es que las adversas situaciones que ha provocado han propiciado que salga el lado más ingenioso y creativo de muchos que, a través de la emprendeduría, han logrado tocar el éxito. Y es esto es, sin ninguna duda, una buena noticia en medio de tanta negatividad. Y los ejemplos de ello son, sin duda, un buen referente. Pero de ahí a pensar que emprender el es el remedio a todos los males; pues no, oiga, no lo es.

Aceptar y entender una desfavorable o poco agradable situación laboral como motivo para la búsqueda de una alternativa, es fácil y hasta lógico. Y una de esas alternativas puede ser plantear un futuro ligado a un proyecto empresarial propio, sí. Pero también podría ser una alternativa válida ‘emprender’ la búsqueda de otro empleo. Y es que, señores y señoras, emprender por puro aburrimiento o por una situación laboral desagradable como única motivación, permítanme el atrevimiento: no es buena idea. Hace falta algo más.

El cambio que implica pasar de empleado a emprendedor es algo complicado de asimilar que no cualquiera está preparado para afrontar… Para empezar, emprender un negocio conlleva gran dificultad y, (al menos) durante un tiempo, cierta incertidumbre que ejerce una presión que hay que saber y estar dispuesto a soportar y controlar. Pero yendo un poquito más allá, por norma general, un empleado desempeña una función concreta y específica en la empresa; mientras que al asumir la condición de emprendedor, se asume también la responsabilidad de manejar ciertos aspectos fundamentales en cualquier empresa: planificación, marketing, gestión financiera… No se trata de ser un experto en todas las áreas, sobre todo si se tiene la posibilidad de asignar cada tarea a un profesional; pero sí es imprescindible un mínimo control de las mismas.

Aceptar y entender el aburrimiento, el cansancio y el hastío como aliciente para tomar la decisión de emprender, vale. Lo que no vale es que esta sea la única motivación. El motivo real que lleve a decidir emprender ha de ser otro.

Vocación, voluntad, ilusión, iniciativa, responsabilidad, constancia, sacrificio, disciplina, paciencia… son sólo algunas de las características imprescindibles que deben estar escritas en el ADN de un emprendedor.

Y es que, emprender requiere de un esfuerzo y sacrificio tal, que difícilmente se logre soportar la presión durante mucho tiempo si se piensa en ello alegremente y concebido como una aventura divertida en la que invertir el tiempo para ganar dinero -como muchas publicaciones y profesionales ‘serios’ acostumbran a vender aconsejar aprovechando el tirón-. Emprender SÍ, pero con conciencia y responsabilidad.

2018-05-15T10:47:10+00:00 20 octubre, 2013|Comunicación online|