No se trata de «intelectualizar» las redes sociales. Pero sí se trata de «comprenderlas». Las redes sociales son  comunicación; algo así como la réplica tecnológica de la comunicación humana. Y si la tecnología aporta  los algoritmos -a los que se presta tanta atención-, la semiótica es su humanidad. 

 

El mecanicismo compara los sistemas naturales con el funcionamiento de las máquinas.

 

A VUELTAS CON LO HUMANO Y LO TECNOLÓGICO

No es la primera vez que en HoyOnline Agency hablamos de la relación «máquina-humano» de las redes sociales -véase nuestro post del mes de Septiembre del 2018 https://hoyonline.tv/comunicacion-digital-de-algoritmos-y-biologia/ -. Sin lugar a dudas, las grandes compañías son conscientes de ello, pero, ¿lo son las pequeñas y medianas empresas?, ¿lo es el emprendedor?.

Y es que, a diario, seguimos comprobando hasta qué punto es importante no perder de vista el punto de partida de las redes sociales: la comunicación humana.

 

Conferencia de Yalta. Unión Soviética, Reino Unido y Estados Unidos se reúnen antes de que termine la 2ª Guerra Mundial. Hablando.

 

PERO…, ¿SABEMOS QUÉ ES LA COMUNICACIÓN HUMANA?.

Parte del equipo de HoyOnline Agency tiene formación universitaria en Humanidades. ¿Filólogos en el mundo digital?, ¿filólogos de la mano de los «técnicos» digitales?. Pues sí.

No sólo en nuestra agencia se da esta combinación. En la comunicación corporativa, echando un vistazo por Linkedin, es posible identificar a unos cuántos filólogos desempeñando distintas funciones en ese ámbito. Pero, ¿qué aporta la Filología al mundo de la comunicación digital?. Probablemente, lo más destacable sea la familiaridad con la SEMIÓTICA.

¿Qué es la semiótica?. No nos compliquemos demasiado intentando explicar que es la ciencia que estudia los sistemas de comunicación en las sociedades humanas -pero, bueno, sí, esto es la semiótica o semiología-. En cualquier caso…

la clave de este asunto está en que «algo significa algo para alguien» -o semiosis

Estratégicamente hablando, los aspectos técnicos y sistémicos digitales son imprescindibles: hay que entender a la máquina para poder dialogar con ella y que visibilice nuestros vídeos, nuestras fotografías, nuestros posts…, nuestros mensajes. Se trata de eso, ¿no?. Se trata de tener algo que decir y que las redes lo difundan. Que lo difundan en la geolocalización que elegimos, entre las personas de determinado sexo y edad que preferimos y con las que se comparten ciertas aficiones, gustos e intereses… O que las redes difundan nuestro mensaje sin limitaciones ni reglas: el mundo entero que vea, lea, escuche lo que queremos decir… Eso hacen las redes, ¿verdad?. Lo uno o lo otro, según decidamos. Según queramos.

Posteamos y reposteamos. Etiquetamos. Viralizamos. Compartimos. Interactuamos. Fidelizamos. Promocionamos. Sorteamos… ¿Sí?. Pero, ¿es esto lo que nos hace «triunfar» en la red?, ¿es esto lo que monetiza nuestra inversión en redes?. Sí, pero no.

Y esto es algo que, por ejemplo, el mundo de la política comprendió muy bien hace ya algún tiempo, aunque no todos los políticos lo practiquen con el mismo acierto – https://hoyonline.tv/las-redes-sociales-la-politica-estrategias-comunicacion/ 

 

 

Cada sociedad humana tiene su propia comprensión de los signos. Frente a un mismo signo, distintos interpretantes, de comunidades diferentes, lo dotarán de un significado propio.

 

¿QUÉ QUEREMOS TRANSMITIR?, ¿A QUIÉN QUEREMOS TRANSMITIRLO?, ¿PARA QUÉ LO VAMOS A TRANSMITIR?. CÓMO LO TRANSMITIMOS.

Estratégicamente -la estrategia es innegociable-, la comunicación digital debe plantearse siempre las tres preguntas claves: qué queremos transmitir, a quién y para qué.

Pero hay una cuarta pregunta absolutamente clave: cómo. Es la pregunta, tal vez, definitiva.

CÓMO, el adverbio interrogativo, introduce una pregunta acerca de la causa o razón de ser de algo. Penetra, directamente, en la esencia misma del mensaje: en su autenticidad, en su coherencia, en su veracidad. El mensaje se conecta con su razón de ser.

Pero, bajo un análisis semiótico, además, el CÓMO permite articular el mensaje usando el registro necesario para que la comunidad destinataria sea, además, receptora; sus miembros, como interpretantes, podrán reconocer el mensaje y hacerlo y sentirlo propio, comprenderlo.

Esto último es, quizás, lo más difícil de conseguir en el mundo digital. Esto es, también, la razón primera y última de una campaña digital exitosa.

Como Billie Hollyday, una voz portentosa cuyo secreto no estuvo sólo en sus prodigiosas cuerdas vocales, sino en el modo cómo supo cantar el lado trágico de la vida, consiguiendo que todo aquel que ha conocido una pizca de dolor, se reconozca en su timbre inconfundible, porque «algo significa algo para alguien».

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