Las redes sociales y la política: Estrategias de Comunicación

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A estas alturas, la noticia ya habrá asaltado vuestro feed de Facebook: “Mariano Rajoy se hace youtuber” o “Mariano Rajoy estrena videoblog”.

Así es. El departamento de Comunicación del Partido Popular ha creído oportuno colocar ante una cámara al hombre al que debemos varios momentos que ya forman parte de la cultura popular del país: el que lo mismo nos desorienta hablando de alcaldes, vecinos y viceversa o nos advierte de la desconfianza de los “inversobres”. ¿Qué podría salir mal?

Abstrayéndonos de filias y fobias por Rajoy y su partido -no se trata de valorar su mensaje o sus políticas-, esta experiencia sí permite valorar la idoneidad de la creación de un vlog dentro de la estrategia de comunicación de un partido y de un presidente.

Política y Estrategias de Comunicación en redes sociales.

La política –o la clase política-, se ha incorporado en los últimos años a las Redes Sociales, creando perfiles en Facebook y en Twitter desde los que dirigirse a la ciudadanía.

Algunos partidos –los de formación más reciente- ya han nacido con Internet, otros –los veteranos-, se han unido a él, y todos buscan su propia manera de comunicarse, una forma de poner de manifiesto su “marca” en toda su extensión, eso sí, aprovechando, todos, las mismas características que les proporciona la red:

  • Comunicación constante
  • Interacción inmediata con la sociedad

El objetivo pudiera ser, a simple vista, también el mismo para todos: “mayor participación de los ciudadanos en la política”.

La incorporación del videoblog –“vlog”- a esta estrategia también denominada “publicidad política”, ha llegado con las redes, formando parte de ellas.

Pero vayamos por partes.

Dentro del universo “vlog” –y de los “vloggers”-, hay al menos dos corrientes.

Una marcadamente profesional en todos los aspectos y otra, abundantemente representada en “Youtube”, poblada por monologuistas dispares –y, algunos, disparatados-, que graban -generalmente desde un plano corto o medio, fingiéndose atrapados en su cotidianeidad-, un instante que dedican, delante de una cámara, a dar su visión y opinión de la actualidad en un tono, con frecuencia, crítico, por lo general humorístico, sarcástico, o, a veces, incluso, desde una actitud intrascendente o chusca:



¿Cuál de estas dos corrientes suele eligir la clase política?.

Dirigiendo la mirada a EEUU, sus presidentes siempre han estado atentos a su imagen, integrados en campañas de comunicación escrupulosamente cuidadas en todos sus aspectos.

Probablemente los Kennedy, “la gran dinastía política” americana, fueron quienes imprimieron, con absoluta premeditación, el giro definitivo en el uso, con un propósito político, de la imagen cómo vehículo de comunicación –y seducción-. En los años de la presidencia de John F. Kennedy –y mucho antes-, muy lejos todavía de los días del vídeo, las grabaciones familiares en Super8 estuvieron al servicio de la reproducción de una personalidad carismática y de un entorno familiar glamuroso, lleno de risas, belleza, deporte, salud y cierta exclusividad social, fascinando a la opinión pública norteamericana –y mundial-.

Naturalidad, estilo y una depurada Estrategia de Comunicación.

Varias décadas después, Barack Obama siguió los pasos de su legendario predecesor, y él, el primer presidente afroamericano de los EEUU, se situaba delante de las cámaras y se convertía en protagonista de “vlogs” que reproducían su día a día como presidente desprendiendo, en todo momento, una sensación de elegante accesibilidad, de conexión directa con la ciudadanía sin perder ni un ápice de estilo, en una puesta en escena que destila una estudiada, muy estudiada, naturalidad.

 

Ahora, un experto en el “showbusiness” como Donald Trump, actual presidente de EEUU, también es “vlogger”, con unas producciones que se benefician de su familiaridad descarada, insolente, con las cámaras y de una estrategia de comunicación, sin lugar a dudas, tan diseñada como cualquiera de las anteriores para destacar una personalidad, cuando menos, sorprendente.

 

 

Mientras tanto, el venezolano Nicolás Maduro elige Facebook Live para lanzar su mensaje. Es otro estilo. Menos sofisticado, más directo, con una producción basada en la inmediatez, pero igualmente cuidada.

 

Un mensaje claro, un buen relato, máximo cuidado en los detalles, buena comunicación…

Más allá de ideologías, cualquiera de los ejemplos anteriores destila atención por el detalle y la determinación en poner todos los recursos al servicio de transmitir el mensaje elegido con una claridad meridiana, cuidando a actor, escenario y relato. ¿Se suma el “vlog” de Rajoy a esta forma de entender la comunicación?.

 

 

El “vlog” inaugural de la campaña #soypopular, aprovechando que se acerca la Convención Nacional de los Populares, elige como protagonista al presidente del partido. Es una elección lógica a pesar de algunas de las limitaciones de Mariano Rajoy, en cuanto a naturalidad se refiere, frente a las cámaras. Pero como ya se parte de este sobreentendido, no puede sorprender su actuación delante del objetivo.

Sí sorprende -y mucho- el tratamiento técnico que ha merecido esta producción que, por su naturaleza, debiera unirse, en atención y cuidado, a cualquiera de las arriba referenciadas –más allá, hay que insistir, de ideologías-.

La importancia de cuidar los detalles a la hora de comunicar.

Ya se ha dado por sobreentendido que al presidente Rajoy no se le puede exigir la desenvoltura que sí practicaba Kennedy y que practican, cada cual a su manera, Obama, Trump o Maduro. Pero, quizás, sí que se le podía haber ayudado a ofrecer de sí mismo una imagen más distendida y natural, escenificando, por ejemplo, un café con su equipo.

Sin embargo, se ha elegido una puesta en escena que le sitúa delante de un enorme logo de su partido que es, básicamente, un fluorescente gigante que quema la imagen y genera un molesto contraluz en su rostro. Cuando está de pie, su americana desabrochada le muestra no informal, sino descuidado frente al espectador, mientras juega, nerviosamente, ¿con un clip entre las manos?.

El audio, apenas inteligible, llama de inmediato y desafortunadamente la atención, sobretodo teniendo en cuenta que parte de la grabación se ha realizado en la sede del partido, un entorno totalmente controlado que permitía una grabación profesional. Pero si el espectador decide desactivar el sonido, confiando en los subtítulos, pronto comprobará que se produce un nuevo descalabro: los textos son ilegibles por ser del mismo color que el fondo y, además, no respetan los signos de puntuación.

¿Un montaje poco profesional?

Una cámara temblorosa –y no porque obre bajo la inspiración de Dogma, el movimiento cinematográfico de los años 90 que filmaba, premeditadamente, cámara en mano-, contribuye a un montaje mediocre con la sucesión, poco elaborada, de planos poco trabajados.

¿Acaso se pretendía, con este “vlog”, imitar la “naturalidad” sin recursos de los “vloggers” que triunfan en Youtube?, ¿era este el espejo más adecuado en el que mirarse desde la perspectiva de una estrategia comunicativa política?, ¿o ha sido todo producto de una acción poco estudiada?.

En cierto sentido, este video es como la última película de Woody Allen: solo gustará a los que son muy fans del director, pero insuficiente si el objetivo es convertir nuevos seguidores.

El videoblog es una de las herramientas más potentes a nuestro alcance para cultivar nuestra marca personal. Y la marca personal nunca es producto de la casualidad.

2018-05-16T19:14:33+00:00 18 marzo, 2018|Blogging|