Storytelling, el arte de enamorar contando historias

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Su fórmula es el secreto mejor guardado. Tanto es así, que algunos aseguran que se encuentra bajo máxima seguridad en un banco de Atlanta.
Hace casi tres años, el periódico Time, reveló la tan protegida fórmula, filtrada, según contó, por algunos detectives que tuvieron acceso a ella: extracto de fluido de coca, ácido cítrico, cafeína, azúcar, agua, jugo de lima, vainilla, caramelo, alcohol, aceite de naranja, aceite de limón, aceite de nuez moscada, cilantro, nerolí, canela y un ingrediente secreto. Estos son los ingredientes de la famosa fórmula de la Coca Cola. Pero a ninguna de las personas que compra una Coca Cola le interesan. Es una de las marcas más valiosas del mundo, pero no por sus ingredientes, el valor se lo otorgan sus historias.

Para la gente, comprar una Coca Cola es sinónimo de ‘destapar la felicidad’; es eso que recuerda que hay razones para creer en un mundo mejor (todos vimos, por ejemplo, aquel anuncio que pretendía comprobar qué haría la gente si se encontrara una cartera con dos entradas para el partido antes de un Madrid – Barça; y el 95% de las personas devolvió la cartera), es la historia de aquella chica que le decía a su padre que se quedaría en la biblioteca para vivir una aventura con el chico que le gustaba… La gente no compra sólo un refresco, compra sus historias. Y Coca Cola no vende sólo una gaseosa, vende emociones.

El storytelling

Es una técnica de marketing que  transforma los valores y mensajes de una marca en historias que conecten con el público, tanto a nivel mental como emocional. El objetivo es transmitir información y, a la vez, provocar emociones.

Saber qué se quiere transmitir y a quién es la clave para crear la historia. El desarrollo de la misma se ha de hacer de manera paralela a la identidad de la marca, sin olvidar la coherencia.
Una buena historia acorde a la marca se puede convertir en la más potente herramienta de comunicación. Pero si la historia no es la adecuada para la marca, los efectos pueden ser debastadores para la misma.

En este mundo sobre informado, vivimos expuestos a un sinfín de informaciones y mensajes que muchas veces no nos damos cuenta de que están, y otras tantas los ignoramos. Sin embargo, cuando se trata de historias la cosa cambia, nos interesan, son capaces de atraer nuestra atención. Está demostrado científicamente que las historias son capaces de activarnos, de ponernos alerta gracias a una serie de conexiones neuronales que provocan en nuestro cerebro. He aquí el quid de la cuestión: nos interesan las historias.
Las historias nos sacan de nuestra realidad para que vivamos la que nos relatan y seamos capaces incluso de sentir las acciones y emociones como propias.

La eficacia del storytelling radica en las emociones. Y es que ‘las palabras se las lleva el viento‘, da igual lo que digas, con el tiempo nadie lo recordará. Lo mismo ocurre con lo que hagas, el tiempo se encargará de borrarlo. Sin embargo, las emociones no se olvidan, lo que sentimos no lo olvidamos con tanta facilidad.

Pero ojo, esto no va de contar historias y esperar que el público las acepte sin rechistar. El osado que se atreva a adoptar esta idea, está muerto.
El consumidor no es un simple receptor, le gustan las historias y exige un papel participativo; papel que se le debe facilitar en pro de una relación de igual a igual y un diálogo que contribuya a reforzar las relaciones.

2018-05-21T12:58:44+00:003 noviembre, 2014|Blogging|